Estos dos personajes que veis en la foto son el Cuentacuentos y su fiel oyente el perro parlante. Los que seais de la generación thirty quizá los conozcais. Para los que no, como la mayoría de la generación twenty, (porque de la generation ten ya ni hablamos), esta famosa y personalmente soberbia serie de TV empezaba así:
Jim Henson, el inventor de los teleñecos y la rana Gustavo, de los Fraggle y de algunas películas famosas entre las que está una de las que guardo unos recuerdos entrañables, se sacó de la manga otra producción cuyo título original The Storyteller's Jim Henson salió a la luz en 1987 para la televisión británica.
Aparecía este viejecito (John Hurt) mezcla de Argentino filósofo, señor Scrooge y Cyrano de Bergerac al lado de su hogar encendido en un antiguo castillo. Con signos de haber nacido de serie con el sofá orejero y la mantita nos deleitaba con una historia increible de 24 minutos. Eran cuentos europeos que combinaban la actuación y las animaciones vectoriales, que os aseguro que cuando uno nada más era un moquito no conseguía cerrar la boca hasta media hora después de los carácteres finales. Recuerdo que pensaba que porque mi perro no podía hablar y pedir el pis como el de la serie.
Después de este momento nostálgico me pregunto porqué necesitamos cuentos. Y no es que lo diga yo, es que es algo que ha acompañado a la raza humana desde que se inventó la palabra. Lo que pensamos de pronto es que es un entertainment no? algo con lo que los oyentes de turno sacian la básica curiosidad propia del hombre esperando con ansia el final de la historia, si esta es buena claro. Pero los cuentos también son algo más. Los cuentos son fantasía, son ficción y anhelos de ser o de estar, nos ayudan a tener esperanza, a evadirnos de lo a veces dolorosamente real y feo. De los cuentos nos gustaría creer en muchos, y pensaríamos que si otros fueran verdad nos moriríamos de miedo.
A lo largo de la historia bien se han podido transformar estos relatos en algo en lo que el oyente no podía distinguir de la realidad o no quería distinguir. Aquí entramos pues, en otra visión. Muchos cuentos, y esto es una opinión porque no soy antropólogo, deben de haberse convertido en dogmas. En reglas a seguir que, por no ser las reglas una cosa muy del gusto del consumidor, han acabado por perder la magia de cuento y convertirse en asquerosa obligación por parte de unos y manipulación por parte de otros.
A todo esto, la palabra cuento tiene también su sentido denotativo. La parte más racional y aburrida es cuando se utiliza esta palabra para significar que alguien está mintiendo o que lo que está diciendo es una tontería, una cosa imposible.
Todo esto me hace pensar en que ya no se si estoy hablando de cuentos o de religión. Un cuento fantástico que muchos necesitan y que una vez quizá solo fuera fuente de entretenimiento, en el que la premisa básica es la fe, a veces el miedo, y sobre la que la fría razón dice que es una tontería.


1 comentario:
Eh!!! Yo recuerdo a ese perro!! :D
Sabes, amigo? Me gustan los cuentos y vivir del cuento y contar y ser cuentista y a veces princesa, pirata o incluso dragón malvado pero es que de otra manera... no se puede vivir. Un abrazo.
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